El arroz negro perfecto no se decide con un cronómetro en la mano, por mucho que internet insista en darte un minuto exacto. Se decide con el oído. Cuando el caldo desaparece del fondo de la paellera, el sonido cambia de golpe: pasa de un borboteo húmedo a un crepitar seco, como si algo se estuviera friendo ahí abajo....